Totalmente recomendable. Ana, de Calasparra nos identificó que eramos de Cartagena por el acento. Cercana, entrañable y siempre dispuesta a ayudar. Menús asequibles y de comida casera que se agradece cuando estás haciendo el camino. El local es muy nuevo con una decoración muy bonita y todo muy limpio. Facilidades para lavar la ropa. El entorno ideal rodeados de naturaleza. Muchas gracias princesa, ojalá y nos volvamos a ver😘
Aitor Llorente Rodríguez2 años atrás
Hice mi estancia en este albergue antes de subir a O Cebreiro, es muy bien lugar para descansar, las habitaciones estan muy bien, muy comodas y limpias, instalaciones muy correctas.
El único inconveniente es que si no llevas saco y necesitas una manta tienes que pagarla extra y la jarra de cerveza cuesta 3,5, por lo demás todo genial.
Walimai Voyages2 años atrás
El alojamiento está muy bien. Las habitaciones individuales son cómodas, bien equipadas, modernas, limpias. El menú, además de sencillo, quizá pobre en calidad y elaboración. En el desayuno hay opción continental (3€) y buffet libre (10€). A poco que quieras desayunar bien y nutritivamente, interesa el buffet; el continental es demasiado simple y, si se añade algo, se va disparando de precio.
Mar Osset2 años atrás
El sitio es precioso y acogedor el trato de Coral y su equipo increíble, la atención, el desayuno todo de 10, hemos estado 4 días en familia como en casa. Gracias por todo Coral, espero que nos volvamos a ver. Súper recomendable Besos
Diego franco diaz2 años atrás
Es un establecimiento bonito y acogedor. Lástima de la escasa elaboración de su comida a base de platos combinados que parecen menú infantil. El colchón malo y desayunar un café y tostada 5€.
Benjie2 años atrás
Cuando llegamos a Las Herrerías, lo único que planeaba en mi mente, era que aquí me separaría de Cristina, mi fiel compañera durante dos inolvidables días. Ella tenía aquí su final de etapa, mientras la mia un poco mas adelante en O'Cebreiro. Paramos en "Casa Lixa" para tomar algo juntos antes de continuar, pero la sonrisa hipnotizadora de Coral, su propietaria y en esos momentos nuestra anfitriona en exclusiva, trastocó mis planes. Decidí comer allí antes de continuar y así poder disfrutar un poco mas de Coral y su hospitalidad. Tampoco quería romper mi lazo peregrino con Cristina. La comida estando bien, era menú del día y no destacaba por su excelencia. Seguro que la carta te brinda las suculentas sugerencias de la cocina. Pero lo que me ató el corazón con hilo invisible a las personas que aquí me atendieron, fue su grandeza de corazón y su acogimiento tan familiar. Una mezcla entre brujas, magas, princesas y algo loquillas, que hizo que nuestra estancia entre ellas fuera inolvidable y haya decidido no sea la última vez. Me dió mucha pena tener que marchar. Mientras caminaba, sin mirar atrás, en mi mente no estaba O'Cebreiro y sus interminables cuestas, sino esas personas que quedaban allí y que llevaba ya cosidas a las junturas de mis recuerdos imborrables. El camino no llega a Santiago, llega a los corazones y te encadena a sus recuerdos.
Silvia Fernández2 años atrás
La habitación, una maravilla. El personal también, la comida buena. Y el pueblo, pequeñín pero muy muy bonito
ESTEFANIA TOLEDO RUBIO2 años atrás
Un albergue precioso en el mismo camino. Tiene habitaciones privadas también. Tiene terraza y bellas vistas
El único inconveniente es que si no llevas saco y necesitas una manta tienes que pagarla extra y la jarra de cerveza cuesta 3,5, por lo demás todo genial.
Las habitaciones individuales son cómodas, bien equipadas, modernas, limpias.
El menú, además de sencillo, quizá pobre en calidad y elaboración.
En el desayuno hay opción continental (3€) y buffet libre (10€). A poco que quieras desayunar bien y nutritivamente, interesa el buffet; el continental es demasiado simple y, si se añade algo, se va disparando de precio.
Gracias por todo Coral, espero que nos volvamos a ver. Súper recomendable
Besos
Paramos en "Casa Lixa" para tomar algo juntos antes de continuar, pero la sonrisa hipnotizadora de Coral, su propietaria y en esos momentos nuestra anfitriona en exclusiva, trastocó mis planes.
Decidí comer allí antes de continuar y así poder disfrutar un poco mas de Coral y su hospitalidad. Tampoco quería romper mi lazo peregrino con Cristina.
La comida estando bien, era menú del día y no destacaba por su excelencia. Seguro que la carta te brinda las suculentas sugerencias de la cocina.
Pero lo que me ató el corazón con hilo invisible a las personas que aquí me atendieron, fue su grandeza de corazón y su acogimiento tan familiar. Una mezcla entre brujas, magas, princesas y algo loquillas, que hizo que nuestra estancia entre ellas fuera inolvidable y haya decidido no sea la última vez.
Me dió mucha pena tener que marchar. Mientras caminaba, sin mirar atrás, en mi mente no estaba O'Cebreiro y sus interminables cuestas, sino esas personas que quedaban allí y que llevaba ya cosidas a las junturas de mis recuerdos imborrables.
El camino no llega a Santiago, llega a los corazones y te encadena a sus recuerdos.
Y el pueblo, pequeñín pero muy muy bonito